Surco
Tierra hospitalaria y generosa, los surcanos
reciben siempre al visitante con un vaso de vino clarito o con un buen pisco,
pero de chacra. Pocos lugares de Lima conservan esa atmósfera de pueblo
provinciano como Surco. A pesar de estar inmerso en una ciudad dinámica y en
constante crecimiento, el “pueblo viejo” de Surco mantiene su esencia intacta.
Basta caminar unos metros por su plaza –siempre impecable– o a la vera de la
iglesia de Santiago Apóstol, construida en 1571, para dejarse seducir por la
música criolla que sale de los restaurantes junto al aroma a chicharrón y miel
de chancaca.
Hasta hace unas pocas décadas Surco alternaba urbanizaciones residenciales con
antiguos barrios coloniales, campos de uva y algodón y potreros de gordas vacas
lecheras. Sus parrales llegaron a ser y tan copiosos y de buena calidad que
durante el Virreinato Surco produjo, junto a Ica y el Cusco, los primeros vinos
de Sudamérica.
El pueblo de Surco es uno de los más religiosos de Lima. Dignas de verse son sus
celebraciones de Semana Santa, que se inicia con la concurrida procesión del
Señor de Triunfo y termina con una jarana de rompe y raja en las peñas del casco
histórico. Alfombras de flores, sahumerios, bandas de música y un fervor que
invita al recogimiento; eso sí, hasta que los santos se guardan en el templo.
Después de ello, salen los gallos a la cancha, se descorchan las damajuanas y
hasta que amanezca.
Hoy, Surco es uno de los distritos más modernos y creativos de Lima, además de
poseer una profunda conciencia ecológica que se refleja en su promoción del
reciclaje, el tratamiento de aguas servidas y conservación de áreas verdes.
Surco, tradición hecha distrito, lo está esperando amigo viajero.