Pueblo Libre
Pueblo Libre llamó el libertador San Martín a
este distrito de gente valerosa y amable. Libre en reconocimiento a su
patriotismo y pundonor. Quedó atrás, de esa forma, el antiguo nombre de
Magdalena Vieja que recibiera en tiempos de la Colonia.
Marcada por la influencia de las culturas Wari y Chavín, y más tarde del señorío
de Lima, este territorio fue asimilado por los incas, quienes dejaron algunas
evidencias en forma de huacas y canales, hoy desaparecidos.
Pueblo Libre es un excelente lugar para saborear eso que los limeños llamamos
‘barrio’, una especie en vías de extinción a causa del continuo crecimiento
vertical de la ciudad y la proliferación de urbanizaciones de acceso
restringido. El barrio es mucho más que un conjunto de calles cercanas, es el
alma de una ciudad en pequeño. En los barrios las señoras van juntas al mercado,
los caballeros se saludan en la calle y los muchachotes esperan con ansias la
salida de la escuela para reunirse en la bodega o la canchita de fútbol,
epicentros ineludibles del encuentro juvenil.
Todo viajero interesado en la historia debe dedicar, al menos, unas horas de
recorrido es el centro histórico de Pueblo Libre, que tiene como eje la gran
plaza Bolívar. Embellecida recientemente, está rodeada de casonas coloniales y
flanqueada por el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia –el
segundo más importante del país y una visita ineludible–; siga por el boulevard
de la iglesia colonial de Santa María Magdalena y descubra su magnífico interior
cubierto de retablos en pan de oro y lienzos de una calidad exquisita. Termine
su paseo con un pisco
sour en la antigua taberna Queirolo, punto de encuentro de los conocedores
del buen pisco, que es además un restaurante digno de elogio. Salud.