San Isidro
Disfrutar de un picnic a la sombra de un viejo
olivo, pasar una tarde de
birdwatching, lanzarse en parapente desde los acantilados que miran al mar
o disfrutar de un exclusivo
tea time en alguno de sus elegantes hoteles. Aunque no lo crea, todo eso
puede hacerse en San Isidro.
Sin duda San Isidro es el distrito con mayor abolengo y elegancia de Lima.
Adornadas con viejas alamedas de cedros, tipas y palmeras africanas, sus
avenidas acogen a un sinnúmero de amplias casonas de estilo inglés y republicano
(entre ellas, 28 sedes de embajadas). Muchas de ellas han sido convertidas en
oficinas pero conservan aún la prestancia de su concepción original; otras han
sido transformadas en modernos edificios y albergan el nuevo centro empresarial
de la capital.
Emergiendo de manera inesperada entre los edificios aparece la huaca Huallamarca,
templo de barro y piedras de canto rodado compuesto por un conjunto de
plataformas que sirvió como centro ritual de la cultura Maringa hacia el año 500
de nuestra era.
Parques y áreas verdes, entre las que destaca el viejo bosque de olivos creado a
partir de una planta de olivo que sembrara el español Nicolás de Ribera El Mozo
en tiempos de la Colonia (1550), son ideales para caminar y encontrar un momento
de relax en el corazón de la ciudad. Junto con Miraflores, San Isidro cuenta con
la mejor oferta de servicios turísticos en la ciudad –hoteles, albergues, cafés
y restaurantes.
Desde su creación, San Isidro fue concebido para ser admirado. En 1920, la Cía.
Urbanizadora San Isidro confío al prestigioso escultor y arquitecto Manuel
Piqueras –quien había trazado antes la hermosa plaza San Martín, en Lima– el
desarrollo urbanístico del distrito. Este creció en torno al olivar y a la
avenida Conquistadores y siguió expandiéndose sobre las haciendas y chacras que
lo rodeaban.
San Isidro lo invita a recorrerlo y disfrutarlo, pero eso sí, con calma y
elegancia.