El bello y apacible entorno natural de la región
Cusco, desde tiempos ancestrales a permitido desarrollar actividades espirituales
de tipo Místico y Esotérico, los cuales son dirigidos
por Sabios Andinos que mantienen viva costumbres ancestrales basados en deidades
naturales (Padre Sol - Madre Tierra). Los pagos son la forma más común de venerar
a las divinidades. Consisten en ofrendas de hojas de coca (mediadoras entre los
mundos divino y humano), plata no trabajada, chicha, vino, grasa de animales, dulces
y huairuros (semillas rojinegras con poderes simbólicos y mágicos). Las ofrendas
se realizan durante las celebraciones andinas y también de manera personal, dentro
de un ritual que incorpora el fuego, cantos, rezos, danzas y silbidos.
Otra forma de ofrenda son las apachetas o montículos de piedra que dejan los caminantes
cerca de los Apus (montañas sagradas). Algunos lugares andinos están cargados de
una energía cósmica que transmiten vitalidad hacia aquellos que ingresan en sus
territorios para buscar respuestas a las interrogantes de la vida. Esta unión
mística del hombre con la naturaleza se puede lograr
en los templos Incas de Tipón y Raqchi (Cusco)
donde se rendía culto al sol y al agua; en los monolitos de Machu Picchu
(Cusco) como el Intihuatana o reloj solar, y el
puente inca. También podemos encontrar algunos chamanes, curanderos, o adivinos
que leen las hojas de coca con la misma facilidad que sus pares occidentales lo
hacen con el tarot, así mismo ofrecen ceremonias y ritos de curación, relajamiento
y baños de florecimiento.
Pero sin lugar a dudas el acto místico mas celebrado en el Cusco
es el Inti Raymi, fiesta que se celebra al dios Sol de los Incas.
En la actualidad se recrea el 24 de junio de cada año, y es la festividad más solemne
y grandiosa del desaparecido Imperio Incaico. El escenario del Inti Raymi
es la fortaleza de Sacsayhuamán, "la obra mayor y más soberbia
que los Incas mandaron construir para mostrar su poder y majestad".
Al compás de milenarios aires musicales, delegados de los cuatro suyos desfilan
con sus vestimentas típicas, y también, como venidas de otros tiempos, ñustas, coyas
y pallas, las cuales avanzan en ondulantes columnas. Finalmente, de pronto, el Inca
se deja ver. El soberano es transportado sobre una litera -que
en la época legendaria era de oro y plata- y acompañado de un séquito de orejones
y otros dignatarios que caminan a respetable distancia de él. Mientras suenan los
pututus, las cornetas y las quenas, el Inca se pone de pie y, extendiendo los brazos
hacia el horizonte, rinde homenaje al Inti. Uno de los momentos
cumbres de la ceremonia ocurre cuando los animales para el sacrificio en honor al
dios aparecen en escena para participar en un rito que contribuye a purificar la
vida y ahuyentar los niales. Voces y gritos, música y silencio se alternan durante
este acto de entrega mientras las mujeres escogidas, reparten zancu, o pan ceremonial,
y chicha. Durante el tiempo del Imperio incaico la multitud aguardaba, descalza
y en cuclillas, la aparición del Sol.
Entonces el Inca elevaba dos grandes vasos de oro llenos de chicha y, mientras invitaba
al lnti (sol) con el vaso que llevaba en la mano derecha, compartía
el otro con sus parientes, vertiendo pequeñas cantidades de chicha en sus propios
vasos. Luego el soberano ordenaba que su ejército y sus súbditos prosiguieran con
el homenaje, en el que participaban diversos pueblos, los cuales se adelantaban
a ofrecer sus presentes y sus mejores danzas.
Disfrute de nuevas experiencias y una forma distinta de hacer turismo
en los Andes y el Valle Sagrado de los Incas.