Valle Sagrado de los Incas
Seis de la mañana en la pequeña localidad de
Yucay. El sol apenas comienza a calentar la tierra mientras las chimeneas
lanzan al aire del valle sus esbeltas columnas de humo blanco, señal de que las
gentes comienzan un nuevo día en el valle. De las casas emana el aroma del pan recién
horneado y se confunde con el dulce olor de los capulíes. Huele a paz. La faena
apenas comienza en los campos, rebosantes de maíz tierno. Pronto, el sol levantará
su reino en el medio del cielo y habrá que acogerse bajo la sabia sombra de un frondoso
pisonay. La vida sigue invariable, como en el principio. Estamos en el Valle Sagrado
de los Incas.
Entre los pueblos de Písac y Ollantaytambo, siguiendo
el curso del río Vilcanota, se extiende el llamado Valle Sagrado de los Incas. Fue
aquí donde, hace unos 800 años, floreció el Tahuantinsuyo. Debido a su extraordinaria
fertilidad, estas tierras se convirtieron en la despensa de Cusco y también en la
sede de importantes centros ceremoniales y administrativos. A lo largo y ancho de
sus montañas y colinas, bajo el amparo de sus montañas nevadas o Apus tutelares,
los antiguos pobladores del valle dejaron evidencias de sus avanzados conocimientos
de ingeniería hidráulica y experimentación agrícola: canales, complejos sistemas
de terrazas o andenes e intrincadas redes de irrigación, gran parte de los cuales
son usados incluso hoy por los pobladores de la región.
Un recorrido por los pueblos del valle es casi una obligación para todo aquel que
viste el Cusco. El periplo suele iniciarse en Písac, que se divide
en Písac Pueblo Viejo y Písac Pueblo Moderno, siendo el primero donde se ubican
todas las evidencias arqueológicas incaicas; mientras que el otro, son construcciones
hispánicas, donde resaltan la iglesia colonial, la plaza de armas, el mercado dominical
y la panadería con el horno artesanal más antiguo de América. Es puerta de entrada
al valle y famoso por su feria dominical que congrega gentes de toda la región para
el intercambio de productos (incluido el trueque). El visitante podrá encontrar
toda una serie de productos confeccionados finamente por los lugareños. Los domingos
se celebra una misa oficiada en quechua con la asistencia de las autoridades locales
vestidos en trajes típicos.
Muy cerca se encuentra Urubamba, llamado “la perla del Vilcanota”,
por la impresionante belleza de su campiña. Fue un centro agrícola de suma importancia
durante la época incaica, hallándose grandes andenes y muros prehispánicos que conviven
en mestizaje perfecto con la naturaleza. El valle de Urubamba es uno de los principales
del país, con un clima excepcional, donde se cultiva la mejor variedad de maíz y
toda clase de frutas selecta. En Maras, se encuentra el Complejo
Arqueológico de Moray, algunos creen que este lugar fue un centro de experimento
agrícola, ya que los andenes tienen diferentes temperaturas uno de otro. Una de
las peculiaridades de Maras, son sus salinas y sus numerosas Portadas Coloniales,
los cuales presentan entre otras figuras, escudos nobiliarios y motivos florales.
Así mismo en la localidad de Huayllabamba, encontramos la Reserva
Natural de Yanacocha, cuenta con 2 lagunas (Yanaqocha y Qelloqocha),
rodeadas de abundante vegetación, el cual las convierte en un hermoso paisaje, que
compensará el esfuerzo que le tomará llegar hacia el lugar.
El poblado de Chinchero se ubica en la parte alta del valle rodeado
de algunos de los más bellos paisajes agrícolas del Perú, y es conocido como el
Granero del Cusco. Ubicado a la orilla de cálidas lagunas y resguardada
por la majestuosidad de sus imponentes nevados, Chincheros posee un excelente patrimonio
cultural y monumental, en la actualidad es uno de los pocos poblados que posee de
forma intacta el trazo urbano Inca y que siguen con el sistema de organización del
Tahuantinsuyo, donde nombran de forma directa a su máxima autoridad, el Varayoc.
Al igual que Pisac, en los mercados conservan el tradicional trueque, que
consiste conseguir productos de consumo a cambio de otro, sin la intervención del
dinero. Son famosas sus ferias dominicales, consideradas una verdadera fiesta de
color, donde el visitante podrá encontrar toda una serie de confecciones textil
y productos artesanales realizados finamente por los lugareños. El pueblo cuenta
con un sistema de drenaje con alto nivel de perfección en los trazados, así como
en la pendiente de sus canales, lo que da cuenta de los elevados conocimientos de
los arquitectos y urbanistas a los que Túpac Yupanqui confió la obra. En su Plaza
de Armas encontramos un enorme muro inca, decorado con diez nichos trapezoidales
en perfecto estado de conservación, así como el Templo, que se erige sobre las ruinas
Incas del palacio de Túpac Yupanqui, el Templo cuenta con hermosos murales que mandó
pintar el Inca Pumacahua, donde entre otros destaca la derrota de Túpac Amaru.
Cierra el recorrido Ollantaytambo, el último pueblo de valle y
quizás el que mejor conserva su apariencia incaica original, donde el diseño del
complejo arqueológico se confunde con el actual pueblo. Allí, los Incas construyeron
un importante centro militar, religioso y agrícola. En lo alto del cerro que domina
el pueblo está su gran fortaleza, construida con muros de piedra labrada y rodeada
de terrazas de una belleza indescriptible. Ollantaytambo puede
ser calificado como un pueblo inca viviente, pues aun los pobladores siguen usando
las edificaciones incaicas.
Visitar el valle Sagrado de los Incas permite conocer a fondo un modo de vida único,
donde la armonía entre sus pobladores y su entorno es un ejemplo para el hombre.
Un lugar provisto del encanto de a una historia milenaria ligada como pocas con
un paisaje sobrecogedor, donde varios de sus poblados, abren sus puertas al peregrino
a fin de compartir su vida cotidiana a través del turismo vivencial
o rural.