Mitos y Leyendas en Arequipa
El Diablo de la Catedral
El diablo que existe en la catedral de Arequipa vino de Francia, de acuerdo al legado
de la señora Javiera Lizárraga de Álvarez Comparet. Dicen que como Dios, el diablo
está en todas partes, pero en bulto y con cola agárrense feligreses, está nada menos
que en la catedral de Arequipa que debe ser uno de los lugares del mundo, tal vez
el único, en que una imagen da Satanás se luce al interior de una iglesia.
Si bien la imagen del amo del infierno no recibe veneración pública, cabeza y cuerpo
con alas y cola enroscada de serpiente, esta hermosa’ obra de ebanistería se mandó
construir por disposición testamentaria de la señora Javiera Lizárraga de Álvarez
Comparet, de los talleres de Buisine — Rigot en Lille (Francia) el arequipeño Don
Juan Mariano de Goyeneche y Gamio, quien por los tiempos en que se fabricaba el
pulpito era ministro plenipotenciario del Perú, en Francia, fue el encargado de
gestionar la feliz culminación de la obra que fue terminada después de 15 meses
de trabajo y a un costo de 25,000 Francos (Gracias señora Javiera), lo curioso del
caso es que el pulpito estuvo apto para traerse a Arequipa el Fatídico año de 1879.
y cuando ya habían llegado a Francia las noticias de la guerra que el Perú sostenía
contra Chile, no sabemos cómo «cosas del Diablo» decían mi abuela en medio de la
guerra, con los puertos peruanos asediados y bloqueados, con las rutas marítimas
súper vigiladas, etc.
El Puente del Diablo
El puente Juan Pablo II que se encuentra al final de la avenida Ejercito que limita
con cerro colorado, antiguamente se llamaba “El puente del diablo” según las versiones
de antiguos arequipeños lo sabemos porque lo llaman así:
Existía en esa subida para cerro colorado una picantería; que la dueña contrató
una bella jovencita para llamar a la clientela. La propietaria se enteró que la
bella jovencita estuvo embarazada y le propuso en practicarle una extracción o sea
un aborto y al realizarse semejante inhumana acción, botaron el feto debajo del
puente que todavía no tenia nombre.
Cuando pasaron los años y la jovencita ya adulta, paseaba por esos lugares cerca
del puente; cuando escucho llantos de una criatura, Conmovido por la acción desnaturalizada
de alguna mamá, bajo a la torrentera para recoger al bebé y lo cubrió con su manta,
cuando caminaba con la criatura en brazos, sintió que los lloriqueos se convirtieron
en gruñidos y estaba siendo arañada y rasgada. Había recogido al mismo demonio,
la mujer desesperada corrió al puente y lo arrojo la criatura infernal.
Posteriormente la mujer se volvió loca en castigo de haber abortado y haber arrojado
a la criatura bajo la torrentera y por ello el puente lo bautizaron “El puente del
diablo” hoy puente Juan Pablo II.
Los Misterios de la Catedral
EL ÓRGANO
Fue construido en Bélgica en 1852 y es uno de los 10 órganos de gran calidad, en
todo el mundo, fabricado por Francois Loret; 8 de ellos se encuentran en Holanda,
uno en Bélgica y el otro aquí, en Arequipa.
EL DEMONIO,
Está al pie del hermoso pulpito. “Satanás” está representado por una enorme serpiente
con impresionantes cuernos. La obra fue tallada en los talleres de Buísine-Rigot
en 1879, en plena guerra con Chile.
LOS MEDALLONES
Fueron colocados en 1898 bajo la torre del reloj.Una de las imágenes representa
al Perú y la otra a Arequipa.
LA CRUZ DE “LATA”
Sí, y se hallan en las torres de la Catedral, esta parte final, tan susceptible
a los movimientos sísmicos, tuvo que trabajarse en metal para evitar sus constantes
caídas. Para disimular su estructura, fue pintado en un color semejante al sillar.
Duendes Arequipeños
Muchas veces habrá oído hablar de los duendes dice que son pequeños hombrecitos
de menudas proporciones, tienen una barba larga y a veces llevan un sombrero grande.
Se dice del origen de los duendes son de aquellos niños que mueren sin ser bautizados
o los fetos que fueron abortados y echados al río, también dicen que las mujeres
que tenían relaciones fuera del matrimonio orinan duendes, para prevenir que niños
fallecidos se conviertan en duendes es hacer un señal de la cruz con agua bendita
y Juego enterrarlo junto al pequeño, la cruz también bendecida.
Los adultos no pueden ver a los duendes ya que estos son invisibles ante los ojos
del adulto impuro, y visibles para los niños puros.
Son pequeños seres traviesos, se divierten con los humanos, haciéndoles bromas de
toda clase, ellos se esconden bajo las camas y los pesados muebles y en los cuartos
oscuros, viven en los lagos que han sido engendrados en callejones oscuros, en los
zaguanes mal iluminados o en la tibia intimidad de los maizales. Ellos hacen un
sin fin de cosas, tocan el cuerpo de las personas y se esconden y agarran cualquier
objeto y los ponen en cualquier lugar, anudan las piernas de los pantalones, también
ocultan tesoros y saben dónde encontrar el Oro.
A veces tocan una flauta y atrapan la voluntad de la gente, dejándose llevar por
su magia hasta sus dominios.
Algunos duendes son viejos barbaros y pequeños, estos son malignos y peligrosos
causan terror a quienes lo ven, a veces se pegan a las espaldas de los humanos y
como no hay como desprenderse de estos, pueden conllevara la muerte.
También adormecen y reaniman a los hombres soplándoles el rostro, dicen que sus
excrementaron color amarillo y cuando cae el sol se volatizan, muchas veces imitan
el llanto del bebe, confundiéndolos.
La única forma de deshacernos de estos duendes maléficos, es hacer llorar a un niño,
y a un duende.
El Hijo del Misti
Un día la corteza terrestre vio nacer a un cerro llamado hijo del Misti, por estar
muy cerca de su padre. El padre de alegría expulso cenizas, vapor de agua, lava
fuego. Al finalizar la cresta de la tierra se vio mortificada, el padre había perdido
en ese alborozado momento, la parte cónica de su belleza singular. Con el transcurso
de los años, la alarma creció el mistisito estaba creciendo en un lugar mal ubicado,
donde provocaría que su padre erupcione y además el Chachani pelee con el mistisito,
su sobrino, para existir y como es normal su hermano el Misti saldría en defensa
de su hijo y se produciría un gran enfrentamiento y la pelea se expandiría al Pichu
Pichu y otros volcanes.
Los primeros en evitar que este siga creciendo fueron los gentiles que vivían en
las laderas del río chili, estos se abrumaron y pensaron que lo mejor sería irse
a vivir a otro lugar, pero del firmamento apareció unos objetos brillantes, con
muchas luces azuladas, verdosas, estas naves silenciosas bajaron y se posaron muy
cerca de los gentiles, de esta salieron unos hombrecitos pequeños del tamaño de
los gentiles, ellos hicieron amistad conversaron lo necesario y ambos se despidieron
a cumplir cada con su promesa.
Todos los gentiles bajaron de la superficie de la tierra varios kilómetros y así
llegaron al centro de la tierra. Ellos pronunciaron palabras mágicas con lo que
consiguieron atraer mucho oro en los bolsillos.
Al regresar a sus casas empezaron a fabricar con este mineral eslabones abiertos
a su extremo, tal como era lo convenido con aquellos, Hombrecillos.
Pasaron varios meses hasta que un atardecer todos los gentiles caminaron en dirección
al Mistisito y allí se reunieron llevando sus eslabones y más noche ya habían formado
una larga cadena de oro, con lo que encadenaron al hijo del Misti con varias vueltas.
Al finalizar esta promesa, las naves silenciosas al ver que los gentiles habían
cumplido su promesa empezaron a lanzar desde sus naves un rayo de fuego a la tierra
abriendo grietas profundas y así fue como cortaron las raíces del Misticito. Terminando
con esta promesa ambos se despidieron y muy satisfechos.
Han pasado miles de años, los gentiles han desaparecido de la faz de la tierra,
el Misticito empezó a hacer fuerza queriendo romper la cadena, y por las noches
se veía desde lejos que el Misticito botaba leguas de fuego por la cintura y además
se escuchaba de el” voy a crecer tan grande como mi Padre”.
Un arriero que fue testigo de esto, se dirigió a la ciudad a decir a todos los arequipeños,
que el Misticito tiene mucho poder y que todos de la ciudad deben evitar su crecimiento
cruzando su cuerpo con fajas de fierro, amarrándolo y así nunca llegue a ser como
su padre el Misti.
Fue un padre Sabuesa quien detuvo el crecimiento del pequeño volcán, mandando a
construir unos enormes zunchos de fierro y con ellos amarró al Misticito de tal
manera que ya no pueda crecer.
Vieron el Diablo
Situado en la calle de Santa Rosa, casi cerrando la de Santa Teresa, existe en Arequipa
una caserón, cuya pared del sur es medianera con el monasterio de la santa límense.
Por detrás, formándole fondo, se extienden las chácaras. Tambo de Santiago es el
nombre con que se ha conocido siempre, hasta que, en los últimos tiempos, dejó de
ser posada unas veces y cuartel otras para remozarse con el aspecto de casa habitación
por familias. Que quién fue ese Santiago, me preguntará sin duda la curiosidad insatisfecha.
Pues no lo sé, y se la dejo a los futuros tradicionistas para que se devanen la
paciencia en averiguarlo. Puede que fuese el primitivo propietario del caserón o
algún tipo popular En el albergado, en el caso que en el viejo Tambo había un cuartucho
que, por hallarse a algunas varas sobre el nivel del suelo, tenía una pequeña escala
de sillar, y que en ese cuartucho habitaba Doña Mariquita, la Montufar, señora que
era una viejecilla cuyo molde barrunto ya se ha roto en Arequipa. Pequeña, encorvada
por los años, de expresión apacible, pobre, pero decentemente vestida, doña Mariquita
no se preocupaba por la lucha cruel de la existencia. Después de oír muy de madrugada
la primera misa y de encomendar, con masculleos interminables, a justos y pecadores,
pasaba el día prestando servicios aquí y allá, por apego a la casa de personas conocidas,
sin remuneración, sin otro gaje que el resto de comida que unas veces le daban aquí
y otras allá.
Resto de comida era ese que la santa señora llévaselo a su cuartucho en la respectiva
ollita de barro, y allí, muy tapadito, preservándolo de perros y gatos, lo guardaba
hasta el siguiente día, y al siguiente día, sin recalentarlo, frío grasiento, ticca,
como por acá dicen, se lo saboreaba con el más grande contentamiento del mundo.
Y jamás le causó daño la imponderada bazofia.
Prueba evidente de santidad era ésta para los malandros de mi tierra, que, por lo
visto, nunca tropezaron en su almanaque con Santa Higiene. Añádase que para Doña
Mariquita era cosa corriente conversar a cualquier hora con los grandísimos ociosos
de la corte celestial, por cuya envidiable preeminencia el demonio le cobró tal
ojeriza que, con más terquedad que impertérrito piquín, la perseguía, apareciéndosele
en el rato menos pensado, a la menor volteada del rostro.
Cierto mataperros, que, a vivir en los modernos tiempos, hubiera sido incomparable
jefe de palomillas, se propuso jugarle una pasada. Y, dicho y hecho, después de
desnudarse, se restregó todo él con cabezas de cerillas, que lo dejaron ígneo, fosforescente,
fulgurando como verdadero condenado. Y así, en la obscuridad de la noche, ovillándose
casi, se agazapó a la puerta del cuartucho y esperó a que los instantes pasaran.
No transcurrieron muchos, cuando doña Mariquita, cargada con el peso de la edad,
ítem más con la consabida ollita, se apareció en el primer peldaño. Ver la bola
de fuego y hacerle cruces e invocar a Jesús, María y José, todo fue uno. Pero, como
acostumbrada estaba a la persecución de! diablo y a ponerlo-en fuga con sólo trazar
cuatro garabatos en el aire y murmujear el principio de un rezo, no se detuvo, y
prosiguió la anciana segura de que el maldito se haría humo. Mas el maldito comenzó
a desovillarse y a erguirse y a crecer y a asumir forma humana. No esperó más doña
Mariquita, que, en su idiotez mística, pudo darse cuenta de que esta vez no era
como en las otras, y, lanzando estridente grito, se arrojó gradas abajo.
Cuando los numerosos vecinos del Tambo acudieron al grito, la encontraron exánime,
con un pie dislocado y con alguna salpicadura de sangre en la cara. Cerca de ella,
esparcidos entre restos de comida, yacían los fragmentos de la ollita. Y por las
chácaras, vieron que huía a todo correr una forma humana, hecha de fuego, fantástica,
a la cual, en su espanto, hasta flameantes cuernos distinguían. No quedó diestra
que no le hiciera cruces y cruces y más cruces, y a cada cruz el fantasma de fuego
caía por tierra y en vano se levantaba porque era otra vez derribado por el signo
cabalístico de los dedos, hasta que por fin se perdió en la lobreguez de la noche.
Volvió en sí doña Mariquita y duda no le cupo de que había visto al diablo en persona,
y si duda hubiera, ahí estaban los numerosos vecinos que juraban y re juraban que
el infernal bicho bicornado a cada tanda de cruces rodaba por el suelo. Mientras
tanto el mataperros de la historia, que oía a los hombres del barrio conversar de
la terrible aparición, a las mujeres deshacerse en ponderaciones y a los chiquillos
llamar en su amparo a la mamá, callaba y se sonreía, recordando susto que se llevó
al ver desbarrancarse a la viejita, la carrera desenfrenada a través de los campos
recién segados, los tropezones continuos en los bordes y rastrojos, y la inquietud
con que llegó al recodo en que había dejado oculto el lío de sus ropas.
El Tesoro de Chachani
Según la historia el tesoro se encontraba dentro de una gran cueva y en ella había
un río subterráneo, el misterio de esta historia lo resolvió un hombre que ambicionaba
con estos tesoros.
Este hombre empezó a caminar desde el puente Grau en dirección al Misti, siempre
por el lado izquierdo y los ojos bien abiertos tratando de descubrir algún indicio
de la desembocadura del otro río. Terminando el día llego hasta las partes altas
del valle del Misti chiquito y el esfuerzo fue en vano.
De regreso a su casa pudo esclarecer nuevas ideas: los agricultores de Socabaya
extraen agua de algunos pozos distantes que vienen de los deshielos del Pichu Pichu,
éste agua según los agricultores vienen de los ríos subterráneos.
Al día siguiente muy temprano fue a las partes altas de Uchumayo hasta llegar a
las viejas canteras de sillar y así sospecho que las filtraciones de aguas venían
de Chachani, entonces aquellas filtraciones de agua le llevarían hasta el río subterráneo.
Camino siguiendo las húmedas tierras. Mientras avanzaba, las filtraciones desaparecían
y aparecían en lugares diferentes. Camino cientos de metros hasta que la humedad
desapareció en forma definitiva, miro a lo lejos y vio muy distante el Chachani,
a cierta distancia se encontraba algunos arbustos de pie, que le indicaban que bajo
sus raíces estaba aquel río subterráneo.
Entonces cogió tres piedras formando un triangulo, esta era ia señal para saber
donde se había quedado, seguidamente apuro sus pasos para llegar rápidamente al
pueblo.
Para ver la dirección exacta del río subterráneo se dirigió donde ei mejor chaman
del pueblo y este le vendió un palito de Hoque en forma de “y” más los conocimientos
como debería utilizar esta herramienta y así resolvió el enigma y con el misterioso
palito fue al lugar donde dejó el triangulo de piedras.
Decidió a lo que vendría, cogió el palito y esta herramienta de rato en rato le
indicaba donde había agua. Luego de avanzar varios kilómetros casi llegando a las
faldas del Chachani el palito dejo de funcionar , ya no daba indicios del río subterráneos,
observo que la última piedra estaba junto a un cactus, nuevamente construyó un triangulo
de piedras y así muy contento y cansado se regreso al pueblo.
Al siguiente día cogió algunas herramientas camino obsesionado por encontrar el
gran cacto, al encontrar empezó a cavar un hueco, el río subterráneo estaba a cinco
metros de profundidad. Ya llevaba varias horas cavando y la profundidad del hoyo
crecía junto a la humedad de la tierra, hasta que descubrió la dureza del suelo
y al pegar la oreja escucho el sonido del río subterráneo y con el pico logro hacer
un pequeño orificio y así descubrió el río.
Con el deseo de llegar al río, agrandó aquel orificio y bajo con un pequeño costalillo
y siguió caminando hasta encontrar una cueva y la altura del pozo, pasaba diez veces
su cuerpo y miro que la salida se estaba tapando y todo se oscureció. El hombre
se lleno de miedo y al mismo tiempo sacó un mechero de su bolsillo y lo encendió
y con esa luz recobró la calma.
Avanzó en dirección contraria a las aguas con el mechero en manos, avanzó como tres
kilómetros y las aguas dejaban de moverse, a medida que el avanzaba encontró retazos
de tela, luego algunos huesos humanos y en una de ellas encontró una cadena con
una cruz de oro.
Al tiempo que avanzaba la tienda se agrandaba y en allí encontró piedras talladas
en formas de asiento y al levantar la mirada en ia pared estaba dibujado el rostro
de Cristo. Al salir de este cuarto, encontró un gran patio y una pequeña catarata.
Su último mechero ya se acababa y con poca luz, corrió desesperado y en una de las
paredes encontró un mechero de oro finamente .trabajado por manos artesanales, sin
pérdida de tiempo la encendió y la cueva se ilumino sin dejar espacio oscuro.
Siguió caminando y encontró en una de sus habitaciones paja y en el suelo varios
esqueletos que vestían la túnica de sacerdotes jesuitas formando un circulo y en
el centro varias cajas de madera, se acerco a estos esqueletos tenían crucifijos
y en los dedos anillos de oro con piedras preciosas.
Tomo estos tesoros y los puso en su cuello y los aros en sus dedos, también encontró
una biblia en latín y a su lado un libro donde decía “testamento de los jesuitas”
y algunos pergaminos, cuadros de la ultima cena y la resurrección de Cristo.
La tierra empezó a temblar y algunas partes de la cueva se desprendieron, no perdió
el tiempo y corrió al centro de aquellos esqueletos y al abrir una de las cajas
encontró la mayor diversidad de joyas, y en ello había cáliz de oro, coronas, pulseras,
etc.
Antes de abandonar el lugar lo dejo bien marcado para poder regresar, tenía todo
el camino bien marcado ya casi llegaba al pueblo, se sentó a descansar y a contemplar
sus preciosas joyas y muy contento por esto de pronto sus joyas empezaron a desvanecerse
por si solos y desaparecieron poco a poco y el hombre no se explicaba por esto,
perdió todo el tesoro que pudo extraer del Chachani, y no volvió a pensar más en
ellos por que comprendió que estos son de los jesuitas.
La Sirena del Puente de Fierro
Este largo puente con estructura de fierro fue una obra de Eiffel, además nuestro
puente es el más largo de Sur América, cuenta la leyenda que existe una sirena debajo
de este puente, esta la hija de la sirena que vive en el puente Bolognesi, en este
puente, pegado al risco hay una piedra grande donde vive esta sirena.
A esta gran piedra la denominaran Machiruna, esta piedra es la puerta de ingreso
al rio subterráneo que hay detrás del río Chili. Allí empieza la casa de la sirena,
la piedra está amarrada en la parte de abajo por la fuerza de todos los brazos de
los hombres que han desaparecido.
Este río subterráneo se comunica con la casa de su madre, que une en el puente Bolognesi,
cuando se reúnen hacen grandes fiestas, esta sirena sale a lavar sus vajillas entre
las seis y siete de la tarde, los que iban al río a esas horas desaparecían la sirena
los encantaba.
El castigo de estos hombres que desaparecían, era que veían a la sirena sentada
sobre una piedra mostrando coquetamente su cuerpo delgado, su larga cabellera y
su cola de pez con escamas de siete colores, los hombres al mirar se quedaban encantados
y caminaban hacia ella y de pronto escuchaban bellas melodías que salían de las
vibraciones del agua y ahí quedaban atrapados. La sirena cogía la varita mágica
y movía la piedra Machiruna y en ese instante el hombre desaparecía entre las aguas
y nunca más se los volvía a ver.
La Novia sin Cabeza
Una vez terminada la conversación, tuve que despedirme de mi buen amigo el párroco
y aventurarme a la soledad de la noche que a veces a estas altas horas de la noche
es muy solitaria y silenciosa. Antes de partir hacia el cercado mi amigo el párroco
me deseo suerte y me advirtió de los peligros y sustos que se pueden dar a la oscuridad
de la noche y me dio un crucifijo.
Gracias le dije y yo no estaba tan preocupado por ninguna de esas viejas leyendas
de vampiros, fantasmas y duendes que existen, yo no creo en ese tipo de historias,
en cualquier caso yo siempre me había caracterizado por mi valentía.
Ya había recorrido gran parte del camino para llegar a la vieja casona donde vivo,
cuando atraviese por la callejuela de Santa Catalina, vi algo inesperado, a escasos
metros pude ver la figura de una dama , llevaba un vestido blanco y manchado de
sangre, sosteniendo en una de sus manos una cabeza y a esos escasos metros escuche
que lloraba.
Quede consternado por lo inexplicable y sobrenatural, me detuve por unos minutos
y espere que aquella entidad misteriosa desaparezca, sin embargo recordé el crucifijo
que lo tenía en mi bolsillo, y este me dio valor para seguir mi camino, porque si
no me tardaría en llegar a mi casa a descansar.
Cuando di unos cuantos pasos hacia adelante quede más estremecido al ver que aquella
espantosa dama se acercaba a mí. Su rostro ensangrentado en su mano me lleno de
espanto y terror. No pude seguir caminando mi cuerpo se deslizo al suelo del susto
en esos momentos temí por mi vida y mi corazón latía más rápido, metí mi mano al
bolsillo y saque el crucifijo que me dio mi amigo el párroco.
Al acercarse más la aterradora figura de la mujer pensé que este podía ser el fin
de mi existencia y me daría un ataque de susto. Tenía el crucifijo en mis manos
y con mucho esfuerzo con mis manos tembloroso apunte el crucifijo hacia ella.
Entonces escuche un horrible y bestial llanto, la desgarradora figura empezó a alejarse
de mi rápidamente, perdiéndose por el callejón que está detrás de la Catedral.
Me levante de la helada pista y con el crucifijo en mi mano me arme de valor y decidí
perseguirla, recorrí una cuadra de la calle San Francisco y luego al dirigir mi
mirada hacia las afueras de la catedral vi que su cuerpo empezaba a elevarse y así
perderse en la oscuridad del infinito cielo.
Al día siguiente desperté muy tarde y al recordar lo que me pasó en la noche no
podía creerlo, me había encontrado cara a cara con la novia sin cabeza, una leyenda
de hace mucho tiempo, dicen que era una dama que un día antes de casarse sufrió
un accidente, y estuvo a punto de perder la cabeza, por eso sale en las noches a
deambular por las calles haciendo asustar a los incrédulos transeúntes que caminan
muy de noche. Salí de mi casa a ver a mi amigo el párroco y agradecerle por haberme
proporcionado su crucifijo porque si no lo hubiera hecho, tal vez no hubiera vivido
para contarlo.
La Mano del cementerio
Esta es una historia real, pasó en la ciudad de Arequipa, es de una joven hermosa
que siempre maltrataba a su madre.
Ésta un día le brindó una golpiza que hizo que su madre la maldijera.
Esta joven falleció antes que su madre. La enterraron, pero a los tres meses su
madre se percató de que la mano de su hija sobresalía de la tumba. Hizo que la enterraran
por encima. A los tres meses de nuevo se dio cuenta de que la mano de su hija sobresalía.
Esta, preocupada, llamó a un sacerdote para que observara el caso. Este la bendijo
y la mano ya no volvió a salir.
Después de años la gente que vivía en las inmediaciones del cementerio comenzó a
observar a una joven toda de blanco vagabundear por el cementerio.
Una noche un dj de la ciudad que siempre pasaba por ahí después de su noche de trabajo
se fijó en una joven, le dijo que subiera a la moto, ella accedió y sólo se inmutó
al decir dónde vivía; él la tomó de la mano y notaba que era demasiada blanca y
helada, le prestó su casaca y la llevó a su casa.
Al día siguiente se dio cuenta de que le había prestado su casaca a la joven, fue
a su casa y al preguntar por ella su madre se enfureció y casi lo maltrata, pero
le sorprendió la insistencia del joven así que le dijo que su hija había muerto.
Él no le creyó ya que la noche anterior la había visto, la madre lo llevó a la tumba
de la hija y para sorpresa de los dos estaba la casaca sobre la tumba. Los dos se
volvieron locos: el chico se suicidó en el manicomio y de la señora no se sabe nada.
Hasta ahora se le puede ver a Monica, la condenada, en las inmediaciones del cementerio
de esta ciudad.
El Chaco Pesca
Era motivo para conocer al hijo del gran hacedor del cielo, del agua, el aire y
la tierra, creador de todos los seres que viven en este planeta, conocer al descendiente
del hijo del sol, el gobernante del gran imperio, que estaría presente y dar
inicio a la festividad del “Chaco Pesca”. Vendrían de todas las poblaciones
cercanas de los valles vecinos y todo lugar de donde se podía llegar
para vivir este acontecimiento y conocer a su inca. La expectativa era grande.
El Inca se situaba estratégicamente en el lugar hoy conocido como “Los Pacaysitos”
donde se celebraban algunos ritos religiosos en el “UNOS” lugar también donde
se realizaban las celebraciones principales; recibía el saludo del pueblo, después
de recibir el saludo de los principales jefes de la zona pasaba a recibir
a los competidores a quienes les arengaba para que desempeñaran de manera
optima en la competencia , se retiraba a lo alto del cerro denominado el Castillo,
donde apreciaba a la belleza del valle en toda su magnitud.
Cuando los participantes estaban en el agua con sus balsas y atarrayas, esperaban
que el Inca levantara la mano y la bajara para que de inicio a las competencia ,
a pesar del caudal que tenia el río, la destreza de los competidores hacían ver
que no era ningún obstáculo desplazándose con facilidad sobre el agua.
La prueba consistía en navegar primeramente desde los Pacaycitos hasta el
chiflón a la vez pescar durante el trayecto lizas, pejerreyes y camarones,
llegaban al chiflón y retornaban corriendo hasta huacapuy, El que llegaba primero
y la mayor pesca era el ganador.
En las riveras del río los pobladores se apostaban para ver el espectáculo
y dar ánimos preferenciales a sus admirados, los alentaban durante todo el trayecto
haciendo que los competidores eleven el ánimo para remar y luego correr.
El premio al ganador era la mas bella, hermosa, soltera y joven ñusta de la región
que previamente el inca para esta festividad era entregada por el mismo inca como
trofeo y anunciaba la apertura de la pesca de los camarones.
Recompensa que recibían todos los pobladores que habían respetado la temporada de
veda, ya que aquel que pesco en esa época era castigado con la expulsión del poblado
no solamente el sino inclusive su familia por cometer este delito contra el respeto
a la naturaleza y el sustento alimenticio de sus semejantes, además de no haber
cumplido con el mandato del Inca.
Después de terminada la competencia y la apertura a la pesca, seguía la fiesta que
duraba varios días, presenciando las danzas traídas de la sierra de la selva y por
su puesto las danzas de la costa donde bailaban propios y extraños hasta
agotar la ultima de sus energías, saboreando las sabrosas capiscas de camarones
y pescado tanto del mar como del río.
Fuente: Leyendas de Perú
Mitos y Leyendas en otras ciudades del Perú