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Mitos y Leyendas en Tumbes

Leyenda de la Laguna de Salitrillo

“De aquella laguna, cercana al caserío de Pocitos, salía un personaje vestido de blanco que ofrecía ayuda a todo quien se la solicitaba, pero a condición de que la persona favorecida estampara en un cuaderno su nombre escrito con su propia sangre.

Esta condición la cumplían todos los vecinos sin reparo, más hubo un poblador apellidado Cavero, muy conocido por su valentía e intrepidez, que después de recibir la ayuda, se negó rotundamente a firmar el diabólico cuaderno y al poco tiempo el fornido hombre cayó enfermo, falleciendo a consecuencia del castigo del personaje de la laguna.

Posteriormente, se cuenta que muchas personas conocedoras de estas apariciones diabólicas, optaron por excavar la laguna, presumiendo el hallazgo de un rico tesoro. Pero el esfuerzo fue vano.

Se asegura que tal tesoro se hundía más, a medida que se cavaba, terminando al fondo por la ambición desmedida de quiénes lo buscaban”.

Fuente: http://www.scribd.com/doc/35907891/LEYENDAS-TUMBESINAS

Leyenda del Ceibo del Diablo

“Cerca del Caserío de Uña de Gato, se encuentra un hermoso y frondoso ceibo (planta muy típica de la región) que se le conoce con el nombre de “Ceibo del diablo”, debido a que en dicho lugar y a las doce de la noche aparece un personaje endemoniado que se lleva al infierno a toda persona que se encuentra vagando por tal sitio.

Se afirma que son muchas las personas que han sido víctimas de este maleficio y la credulidad popular es tan arraigada que mucha gente antes de pasar por este sitio, se santigua con todo respeto y recogimiento”.

Fuente: http://www.scribd.com/doc/35907891/LEYENDAS-TUMBESINAS

La leyenda de la muñeca llorona

“La Quebrada del Nieto”, situada entre el Barrio de Pampa Grande y la Loma del Zorro, siempre ha sido objeto de conversaciones entre los vecinos del lugar, sobre apariciones, asaltos y sobre todo de brujerías.

Nadie podía pasar por allí a la hora cero, porque seguro que le salía al encuentro una “ chancha bruja”, o “el diablo lo silbaba” o veía a la “lechuza”, que conversaba sobre los techos de paja de los asustados vecinos.

Pero volvamos a nuestro tema. Se trata que al centro de la quebrada (por donde pasa la carretera a San Juan), a eso de las doce de la noche, ya se encontraba tendida una enorme muñeca de trapo, y todo quien lograra transitar por aquel lugar a la hora cero, se tropezaba con la muñeca que, al ser tocada, lloraba como una niña, quedando el pobre mortal hecho un costal de nervios deshechos.

Los abuelos muy versados en relatos de brujerías, dicen que era una bruja que había desobedecido al demonio y condenada a vivir en ese estado por mucho tiempo.

Los cierto es que todos los que sufrieron el susto de la muñeca llorona, cuentan que debían darle de puntapiés para que los dejara pasar. Al poco tiempo murió una anciana que vivía nada menos que cerca a la “Quebrada del Nieto” y quienes lograron verla, dicen que tenía la cabeza amarrada. Llegaron a la conclusión de que era la “muñeca llorona”.

Desde ese momento no volvió a fastidiar a los inocentes trasnochadores y todos cantaron la copla siguiente:

“Qué bonito corre el agua por debajo de las almendras, así corriera mi amor si no hubieran malas lenguas”.

Fuente: http://www.scribd.com/doc/35907891/LEYENDAS-TUMBESINAS

El Hualtaco Morocho

Por el año de 1902 Don Ricardo que así se llamaba el personaje de esta historia continuamente viajaba de Tumbes a la Palizada hoy Puerto Pizarro, a caballo a fin de despachar los buques que llegaban a la rada.

En medio del camino se encontraba un Hualtaco que por tener la parte superior medio quemada se le conocía con el nombre de “ Hualtaco Mocho” y según la tradición allí aparecía un sujeto que hablaba con el ocasional viajero que por allí pasase en un idioma nativo.

En una de esas idas y venidas Don Ricardo observó desde lejos que en la base del Hualtaco Mocho existían brasas candentes y al acercarse un sujeto le habló en un idioma para el desconocido, nuestro personaje picando espuelas galopó hasta llegar a su casa donde relato lo ocurrido.

Cuentan que allí hay un tapado que hasta ahora permanece oculto.

Fuente: http://prehistoriapiura.tripod.com/leyenda_tumbe.htm

La leyenda de Quitumbe

La leyenda de Quitumbe el supuesto fundador de Tumbes, señala que estando en esta ciudad, fue noticiado de que unos gigantes habían desembarcado en Santa Elena su patria y que habían creado terror en toda la comarca.

La leyenda de gigantes llegados por la vía del mar, ha sido muy frecuente en los pueblos de la costa.

Es así como, algunos mitos aseguran que el templo de Pachacamac fue también construido por hombres de elevada estatura y que lo mismo lo fueron los fundadores del Reino Chimú.


El padre Giovanni Anello Oliva, fue un jesuita muy ilustrado como tolos los de su tiempo. Nacido en Italia en 1572 y joven aún llegó al continente americano, residiendo primero en Quito y luego en Lima.

El padre Oliva, se interesó mucho por las leyendas de los indios y por su historia. Fue así como logró crear una fantástica trama para explicar la fundación del Imperio de los Incas.

De acuerdo a todo lo relatado por el padre Oliva, la historia se inicia en las costas del Ecuador, un poco más al norte de Tumbes.

Después del diluvio, dice Oliva: “quizá vinieron por mar, por la tempestad desatada los primeros pobladores al Perú entrando por Caráquez (en la costa de Ecuador) en donde poblaron e hicieron alto y de donde después, tiempo adelante se fueron extendiendo en las demás tierras y provincias del Perú.”

Como es fácil suponer, Tumbes y Piura constituyeron lugares obligados para el paso de esas gentes.

De Caráquez, un grupo numeroso pasó a Sumba, llamada más tarde Santa Elena, en donde se distinguió el reinado del cacique Tumbe o Tumba.

Tumbe despachó expediciones hacia la zona de Tumbes para descubrir nuevas tierras pero todo terminó en fracaso. Tumbe tenía dos hijos: Quitumbe el mayor era valeroso, sereno y sagas; mientras que el menor Otoya era ambicioso y lleno de defectos.Al morir Tumbe, el hijo mayor prefirió abandonar Sumba para no entrar en discordia con su hermano, y se dirigió al sur con gran número de sus partidarios, estableciéndose en un lugar cercano al mar en donde fundó el pueblo de Tumbes, nombre que puso en memoria de su padre.

En Sumba había quedado Llira esposa de Quitumbe que al poco tiempo dio a 1uz un niño muy bello al cual se le puso por nombre Cuayanay que significa Golondrina.

Quitumbe olvidando a su familia se entregó a la sed de nuevas conquistas y organizó una expedición por mar que llegó hasta el Rímac.

Mientras tanto en Sumba, el disipado Otoya sólo se había entregado a la vida de placeres y por eso cuando aparecieron en santa Elena unos disformes y crueles gigantes no les pudo hacer frente, siendo vencido y apresado, muriendo poco después. Pero los gigantes cometieron el pecado de la sodomía, por cuyo motivo fueron destruidos por fuego caído del cielo.

Quitumbe cuando supo que los gigantes habían invadido Sumba, fue presa de gran temor y huyó de Tumbes con gran cantidad de personas, metiéndose mar adentro en numerosas canoas hasta llegar a la isla Puná. Al cabo de cierto tiempo Quitumbe se internó en las serranías y fundó la ciudad de Quito. Pero al poco tiempo dejo esta ciudad y bajó a la costa de Tumbes y de Piura, siguiendo hasta el Rímac en donde edificó un templo a Pachacamác, lugar en donde murió.

La leyenda cuenta una serie de aventuras del niño Cuayanay, que tuvo que huir de su madre que quería sacrificarlo a los dioses y refugiase en una isla hasta los 22 años en que se trasladó a tierra firme en donde un curaca lo apresó.

Cuayanay era un hermoso doncel, de alto porte, tez blanca de complexión atlética y cabellos crespos.

El curaca lo condenó a muerte y mientras esperaba la sentencia fue visitado por muchas jovencitas atraídas por su hermosura. Una de ellas, Cigar la hija del curaca se enamoró del joven y ofreció liberarlo. Engañando a los guardias logró hacerlo y los amantes huyeron juntos, tras matar a varios perseguidores, los jóvenes llegaron a la orilla del mar, y en una balsa retornaron a la isla donde antes había estado Cuayanay. Allí vivieron felices muchos años y tuvieron muchos hijos en unión con los pocos indios que los habían acompañado y que también llegaron a tener mucha descendencia.

Hijo de Cuayanay y de Cigar, fue Atau y de este nació Manco Cápac, al cual su padre dio la misión de conquistar tierra firme. Al cumplir Manco Cápac 30 años, se dirigió con gran séquito y canoas al continente, y tras caminar mucho tiempo llegó al Lago Titicaca, para de ahí dirigirse al Cuzco y fundar el imperio.

Como se puede apreciar, la leyenda recogida por el padre Oliva de los indios ecua¬torianos, hacen de Manco Cápac, un hombre de la costa sur del Ecuador y tanto él como sus antecesores, de acuerdo a tal mito, tuvieron que recorrer también los parajes de Tumbes y Piura.

La leyenda de tipo quiteñista, nació seguramente a raíz del triunfo de Atahualpa sobre Huáscar para hacer prevalecer la idea de que Quito y Tumbes fueron fundados antes que el Cuzco, y el imperio fue fundado por un príncipe quiteño.