Por otro lado están los Huariques (pequeños restaurantes económicos) de muy
buena cocina. Es el lugar al que se llega por recomendación, pues se ubican en
zonas poco conocidas de Lima, por lo que también se le conoce como hueco. En
cada barrio existe algún huarique, siempre único y con una carta realmente
exquisita. Preguntar siempre por alguno donde ir, pues la complacencia siempre
es más que placentera.
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Platos marinos: Lima tiene una íntima relación con su puerto, el Callao, así
como con uno de sus principales distritos como es Chorrillos, ambos ligados a la
pesca artesanal. Con estos referentes, la ciudad ofrece una variadísima y
exquisita carta llena de ceviches, sudados, parihuelas, jaleas, choritos a la
chalaca, tiradito, arroz con mariscos, pescado a la chorrillana, escabeches,
chilcanos, pulpo al olivo, entre otros.
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Ceviche, rey de los mares: Para comer ceviche existen
innumerables lugares, desde cevicherías (restaurante de platillos marinos) hasta
carretillas ambulantes, pues este es uno de los platos más emblemáticos del
Perú. Casi en todos los países de tradición marina se consume ceviche, pero el
preparado en el Perú es único, pues los insumos con los que se elaboran solo
pueden hallarse en nuestro territorio. Lo curioso del ceviche es que no en todas
las zonas lo preparan de la misma manera, así por ejemplo, al norte de la
capital, en Huacho se elabora con un ají muy picante (arnaucho) y en vez de
limón, utilizan naranja bien agria. En el Callao y Chorrillos, los dos puertos
de la capital, lo elaboran con mero, corvina, cojinova o conchas negras. Un
corolario de esta exquisitez es beber al final el jugo concentrado del
preparado, un levanta muertos luego de la resaca de juerga, conocido como leche
de tigre o leche de pantera –cuando la mezcla se da con conchas negras.
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Platos criollos: La comida criolla está llena de color, sazón,
aroma, aderezos, picante, es sustanciosa y totalmente sugestiva, encontrándose
verdaderas suculencias como el ají de gallina, la papa rellena, el arroz con
pollo, sopa teóloga, tamal, y causa rellena, entre otros.
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Platos chinos: La culinaria oriental tiene una destacada
acogida en los paladares peruanos, adaptándose en platillos como el arroz
chaufa, la sopa wantán, el tallarín saltado, el lomo saltado, entre otros. El
chifa es el restaurante chino en versión peruana, muy solicitado por los
peruanos y por extranjeros, que una vez probado la sazón, vuelven y repiten.
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Los chicharrones de Lurín: A solo media hora al sur de la
ciudad se halla Lurín, uno de los últimos valles de la capital, y muy famoso por
sus increíbles y deliciosos desayunos: sánguches de chicharrón de chancho, con
camote frito y salsa criolla, junto con el agradable tamal y café con leche.
Este es un desayuno clásico dominguero para todo limeño, un tentempié casi
almuerzo.
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Pachamanca y los sabores del centro: Con ruta por la carretera
Central se encuentran los distritos de Chaclacayo, Santa Eulalia, Chosica y
Cieneguilla, que mantienen el rasgo pueblerino muy cerca de la capital (a menos
de una hora en auto), y donde los parajes bucólicos nos hacen abandonar todo
estrés cargado de la ciudad además de llenarnos de pulcro sosiego. Porque para
llenar y mantener calmo al estómago, la gastronomía del lugar es sorprendente,
de stacando principalmente en la pachamanca, que es una tradicional preparación
de época prehispánica, que consiste en cavar un hoyo en la tierra, forrarlo con
piedras de cantera muy calientes, para cocinar diferentes productos (tubérculos,
carnes, aves, maíz, humitas, etc.) y luego taparlo por unas horas. Este
ancestral ritual se puede degustar en casi todos los restaurantes campestres que
abundan en la zona.
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Nuestro menú: Empezaremos por el trago (bebida) de bandera
nacional El Pisco Sour, acompañado de unos choritos (mejillones) a la chalaca,
mientras se prepara el cevichito el cual acompañaremos con la incomparable
chicha morada (refresco de maíz morado), o Inca Kola (gaseosa de color
amarillo). Comer es un placer, y es por lo que le aconsejamos no abusar del
ceviche, porque ya retiran las piedras calientes y la pachamanca está servida,
con este manjar le sugerimos uno de los excelentes vinos del valle de Cañete, el
cual nos acompañara hasta degustar, el postre por excelencia de la capital, El
suspiro a la limeña. Solamente nos queda desearles un buen provecho.
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